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19 de agosto de 2017

El Formalismo Ruso : la obra y su contexto por Beatriz sarlo

La obra y su contexto
Hasta ahora la obra fue descubrién­dose como un conjunto de artificios, concepto que puede ser integrado y superado en el de estructura o siste­ma. El sistema de la obra se diferencia del resto de los sistemas verbales, en primer lugar, por la utilización de ciertos procedimientos que le son pro­pios y, en segundo lugar, por la rela­ción interna que establece con el significado: una relación desautoma­tizadora que intenta una exposición inédita de los materiales narrativos o poéticos, a través de los diversos mo­dos de presentación. Ahora bien, cada uno de los elemen­tos del sistema entra en relación con el resto de los elementos y con el sis­tema en su totalidad. Pero, como lo expone Tiniánov hacia 1927 en Sobre la evolución literaria, los elementos de una obra se vinculan con los ele­mentos similares de otras obras. Esta relación constituye una serie, la serie de la literatura.


Tiniánov se pregunta acerca de la po­sibilidad del estudio inmanente de la obra que no intente la correlación con el sistema (la serie) de la literatura. En otras palabras, si es posible, o fructífero, analizar la expresión par­ticular de un código sin analizar el código mismo, entendiendo por códi­go el conjunto de las obras y conven­ciones que habitualmente denomina­mos literatura: "La existencia de un hecho como hecho literario depende de su cualidad diferencial (es decir de su correlación, sea con la serie lite­raria, sea con una serie extraliteraria); en otros términos depende de su función. Lo que es «hecho literario» para una época, será un fenómeno lin­güístico dependiente de la vida social para otra y viceversa, según el siste­ma literario con referencia al cual se sitúa este hecho".
La importancia de la conclusión es evidente. El formalismo que había co­menzado postulando un estudio es­trictamente inmanente de la obra, descubre en la década de 1920, después de recibir las críticas de publicacio­nes y teóricos marxistas, la necesidad de la correlación con sistemas que, aunque la incluyen, trascienden la obra misma.
El problema de las series comienza a ser abordado, en primera instancia, sólo como serie de la literatura. Para ello, Jakobson y Tiniánov proponen, en 1928, el estudio de las leyes estruc­turales específicas de cada serie co­mo paso previo al establecimiento de una correlación científica entre la se­rie literaria y las otras. El análisis de las series exteriores a la obra, e independientes de su len­guaje, es el único camino para llegar a conclusiones precisas sobre ciertas cuestiones. Tiniánov se pregunta, por ejemplo, de qué manera saber si una trama, un metro, un tema, una ima­gen, están "gastados" sino a través de la consideración de la serie lite­raria en su totalidad, pues ello per­mite registrar el envejecimiento de los procedimientos constructivos y los modos de presentación. La fun­ción de esos elementos sólo puede ser descubierta mediante la correlación de series diversas.
Por su parte, el estudio de los géne­ros, afirma Tiniánov, es imposible fuera de las series literarias afines. En este caso, las series no están so­lamente determinadas por la historia (la novela en el siglo XIX, por ejem­plo) sino por el sistema que se da en la simultaneidad (la novela histó­rica de Tolstoi se relaciona con la prosa que le es contemporánea, en una serie sincrónica que sitúa a cada una de las obras en sus relaciones reales de innovación o repetición de modelos).
El concepto de serie implementa también todo estudio evo­lutivo de la literatura. El problema más complejo se pre­senta no en la consideración de las series literarias sino en el de las extraliterarias. En 1933, Jakobson afir­ma: "la autonomía de la función es­tética más que el separatismo del arte". La segregación es en la práctica de la creación y de la crítica impo­sible y, consecuentemente, los forma­listas se ven obligados a repensar las implicaciones de su primer planteo inmanente.
La vinculación que establece Tiniánov entre la vida social y la literatura se produce en primera instancia a través de la actividad lingüística: "Para re­solver la cuestión de la correlación de las series literarias con la vida so­cial, debemos preguntar: ¿cómo y en qué la vida social entra en correla­ción con la literatura? [...] La vida social entra en correlación con la li­teratura ante todo por su aspecto ver­bal". Existe una orientación de la obra que se define en su función res­pecto de la vida social: la oda se escribe para ser pronunciada en cir­cunstancias y frente a un público de­terminado; su textura verbal depende de esta situación; de la misma ma­nera, la poesía de Maiakovski, ejem­plifica Tiniánov, es una "poesía de mítines" y esa orientación determina sus características verbales. Esta es sólo una de las funciones so­ciales de la serie literaria. El planteo de los formalistas no va más allá de ella. Las relaciones superestructurales con respecto a la estructura no han sido ni siquiera abordadas. En este sentido los formalistas ceden el campo a la crítica marxista contem­poránea y posterior. La característica fundamentalmente morfológica de su metodología explica el fenómeno. Sin embargo el formalismo reconoce, a través de Tiniánov, que sólo en el marco de "la significación dominante de los principales factores sociales" puede aclararse la significación dé la obra en su totalidad. Dentro de ese marco se definen también los con­ceptos de tradición e influencia que el siglo XIX había manejado bajo el peso de un mecanicismo historicista y poco sistemático.



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