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30 de octubre de 2011

ALFONSINA STORNI: UN RECORRIDO POR SU VIDA Y POR SU OBRA- ESTILO POÉTICO

ALFONSINA STORNI: UN RECORRIDO POR SU VIDA Y POR SU OBRA- ESTILO POÉTICO
Angustia, rebeldía, soledad, orgullo, incomprensión, amor, dan vida a la obra de Alfonsina Storni. La poesía, abierta confesión de su alma, surge como un continuo es­tremecimiento de dolor: "Vuele mi empeño, mi esperanza vuele ... / la vida mía debió ser horrible, / debió ser una arteria incontenible / y apenas es cicatriz que siempre duele"  (Frente al mar- Poema del libro Irremediablemente)
Alfonsina Storni nace en Sala Capriasca (Suiza italiana), el 29 de mayo de 1892. En 1896 su familia se traslada a nuestra provincia de San Juan. Allí comienza sus estudios. Después, viaja con los suyos a Rosario, donde ayuda a sostener el hogar con trabajos de bordado y de costura.
A los doce años escribe su primer poema. En 1907 integra una compañía teatral con la que recorre la República, pero reconoce que ése no es su camino. Entonces, vuelve al hogar y colabora con su madre en la escuela que ésta ha abierto en su casa.
En 1909 asiste, en Coronda (Santa Fe), a la Escuela Normal Mixta de Maestros Ru­rales, donde obtiene su título docente. Hacia 1911 comienza a enseñar en Rosario y, al mismo tiempo, publica sus primeros poemas. Concluido el año escolar, renuncia a su puesto y parte hacia Buenos Aires. Desde este momento, se entrega a su vocación y emprende una dura lucha para conquistar un puesto en la sociedad porteña.
En 1912 nace su hijo Alejandro Alfonso. Colabora en Caras y Caretas. Alterna sus actividades literarias con otros trabajos ajenos a su profesión. Su labor docente se ex­tiende hacia Montevideo, en cuya Universidad dicta varias conferencias ".
En 1920 es colaboradora de La Nación y se convierte en ciudadana argentina. Al año siguiente crean para ella una cátedra en el Teatro Infantil Lavardén. Más tarde, se des­empeña como profesora de lectura y de declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y, en 1926, en el Conservatorio de Música y Declamación. En este mismo año publica Poemas de amor, su única obra en prosa, y Diario de una ignorante (serie de pensamientos sobre el amor) en el diario  La Nación. En 1927, aparece su primera obra dramática: El amo del mundo.
Tres años después viaja a Europa con Blanca de la Vega y dicta conferencias en España con gran éxito. Allí lee la obra de los poetas de vanguardia. A su regreso, pu­blica, en La Nación, Diario de navegación y Diario de viaje. Además, da a conocer Dos farsas pirotécnicas 19, de severa critica social, y escribe obras teatrales para niños.
En 1934 retorna a Europa en compañía de su hijo. Hacia 1935 comienza a sufrir una grave enfermedad. Al año siguiente, publica su ensayo Desovillando la raíz porteña. Como corolario de su viaje a Bariloche y a los lagos del sur, escribe Carnet de ven­tanilla (La Nación).
El 27 de enero de 1938 se reúne en la Universidad de Montevideo con Juana de Ibarbourou y con Gabriela Mistral. Alfonsina titula su conferencia "Entre un par de maletas a medio abrir y la manecilla del reloj".
En octubre escribe su último poema, "Voy a dormir", y en la madrugada del 25 se arroja al mar.
LA OBRE POÉTICA
Dice Alfonsina: Unas veces mi versos han nacido del ideal. /Otras del corazón y de la angustia en tempestad. /Otras de alguna sed como divina que pide hablar. /Pero otras muchas, hombres, los ha escrito mi vanidad. /Soy, como todos, una pobre mezcla de lo divino y lo bestial. ( "Así es", Languidez. )
PRIMERA ETAPA:
La inquietud del rosal' -" ... mi primer modo, sobrecargado de mieles románti­cas ... "- aparece en 1916. Como toda obra de los comienzos, tiene el valor de una auténtica entrega, en la que la poetisa desnuda el lenguaje de su corazón. Es un ejer­cicio poético en el que se repiten algunos temas: la vida, el amor, el dolor, la natu­raleza·. La vena romántica se enlaza con un descarnado realismo.: El rosal no es adulto y su vida impaciente /se consume al dar flores precipitadamente ( "La inquietud del rosal" )
En 1917, Alfonsina recibe el Premio Anual del Consejo Nacional de Mujeres, por el Canto a los niños. Al año siguiente, publica El dulce daño, obra hecha con lágrimas y sueños, en la que domina el amor con su poder irrefrenable. La escritora no puede vivir sin ese amor -"dulce daño"- que la asedia, la esclaviza, la engaña y, al mismo tiempo, le da nombre a todas sus ilusiones. Este segundo poemario revela una maduración: la palabra posee el latido de la vida y se yergue como coraza ante los embates de una realidad· estereotipada. Ya se insinúa aquí el pesimismo que será rasgo sobresaliente en su obra.: Este grave daño que me da la vida,/ es un dulce daño, porque la partida/ que debe alejarme de la misma vida /más cerca tendré. // Yo llevo las manos brotadas de rosas, /pero están libando tantas mariposas /que cuando por secas se acaben mis rosas, ay, me secaré.
En 1919 da a conocer Irremediablemente, con el que completa la trilogía de esta etapa. Optimismo, desasosiego, esperanza y desengaño labran un verso valiente y combativo, con las raíces a ras de alma. Si bien el tema del amor perdura, surge, con serenidad, el de la muerte, que luego abrazará buena parte de su poesía. Alfonsina reconoce que este libro "es hijo de un momento de suma desazón".
En 1920, Alfonsina publica Languidez , libro en el que deja a un lado el éxtasis romántico para escudriñar, con el dolor y la experiencia -realismo nuevo-, el conflicto del hombre y su propio mundo interior. Es sumamente sugestiva la dedicatoria de la obra: “ A los que como yo nunca realizaron uno solo de sus sueños”.: Cada día que pasa, más dueña de mí misma, /sobre mí misma cierro mi mirada interior; /en medio de los seres la soledad me abisma,/ Ya ni domino esclavos, ni tolero señor. /
Tercera etapa: "¿Qué fuera de mi vida sin la dulce palabra?"
En 1925 aparece Ocre , su libro fundamental, en el que plasma su nuevo modo de decir, carente de esperanzas y de ilusiones . Decrece la exaltación de su yo perenne­mente enamorado -"Vela, sobre mi vida, mi grave amor inmenso,"-, en pos de la serena reflexión que engendran el cansancio, la rebeldía y la soledad. "El tema del amor se repite -dice Graciela Peyró de Martínez Ferrer-, pero es otro el clima espi­ritual de la autora. Ya no se entrega a él, confiada, ciega, ahora le está acechan­do, fiscalizando,"
Con esta obra, Alfonsina alcanza madurez intelectual. Surgen vivencias infantiles, el paisaje, el mar, la ciudad, la piedra, la actitud de la mujer frente al hombre, la fruición en el arte. La crítica considera que Ocre representa el auténtico equilibrio entre subje­tividad, simbolismo y temática :Tristes calles derechas, agrisadas e iguales, /por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,/ sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo/ me apagaron los tibios sueños primaverales. ("Versos a la tristeza de Buenos Aires" )
CUARTA ETAPA: “Agrio está el mundo”
En 1934, Alfonsina publica Mundo de siete pozos . En esta obra, se vale de • la etáfora y del símbolo para dar a luz, sin apasionamiento, una realidad que nunca dejará de inquietarla y que la ahoga en su solitaria amargura .
"Ya no hay transportes -dice Roberto F. Giusti- ni arrebatos en este libro de la madurez: sólo una contemplación descarnada de las cosas, transfiguradas en su espíritu en símbolos de belleza y de fuerza." Se advierte un predominio del intelecto sobre las emociones, un pesimismo absoluto. Todo parece gris y esa atmósfera que oprime es pórtico de la muerte. Por eso el mar -tema recurrente en su poesía- se convierte en símbolo de la libertad y, al mismo tiempo, en refugio seguro, transparente y definitivo contra los enemigos de su alma:
El mar inmóvil, /desprendido de sus mandíbulas,/ exhala un alma nueva.
Escalinatas lentas descienden al agua /y llegan, desvanecidas, a mis pies. /Por ellas ascenderé un día / hasta internarme /más allá del horizonte. /Paredes de agua me harán cortejo en la tarde resplandeciente.

Mascarilla y trébol, de 1938, cierra su círculo poético. En este libro triunfa el símbolo. La lectura se torna hermética. Alfonsina presiente que su contenido es oscuro, pero "todo tiene aquí un sentido, una lógica, aunque por momentos se apoye en cono­cimientos, ideas, símbolos, que, se supone, están en la alacena mental del lector". La poetisa ya no quiere que éste lea pasivamente, sino que colabore con su escritura, como lo piden los movimientos de vanguardia.
Ella no siente los temas de antes; la emociona, en cambio, "lo que puede significar en sugestiones y en símbolos escalonados, una oreja, una naranja, un objeto conside­rado vulgar". Dice que los "antisonetos" que componen la obra, le han brotado "en estado de trance".
Hay en Mascarilla y trébol una atmósfera de despedida de la vida, una tristeza que asciende, una soledad yerma.
SU ESTILO: Aunque Alfonsina lee a Bécquer, a Rubén Darío y a Lugones, dos grandes influen­cias enriquecen su obra: la poetisa uruguaya Delmira Agustini y, sobre todo, el poeta mejicano Amado Nervo. En su última época, da valor a un expresionismo barroco -cultivado por los jóvenes poetas admiradores de Góngora- y a una búsqueda pro­lija de la palabra exacta para traducir con verdad su pensamiento.
Su obra no refleja preocupación por la forma. Los versos tienen el ritmo y la estruc­tura de su mundo; de ahí que también su vocabulario se reduzca a la lengua hablada.
El adjetivo refleja su visión decadente de la vida. Las imágenes y las metáforas recrean una realidad que encubre las angustiosas dimensiones de su experiencia.
Todos los recursos empleados por Alfonsina responden a su necesidad primera y última de dar voz a su ser íntegro, agostado lentamente por la implacable.

FUENTE: LAS LETRAS EN LA AMÉRICA HISPANA
AA.VV
ED. ESTRADA. BUENOS AIRES


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